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viernes, 30 de marzo de 2012

Ideas ingeniosas ... ¡Genial!

Blog de Tio Tizo:

    Ideas Brillantes que Harán tu Vida más Fácil


    Quitar el centro a las fresas usando una pajita de plástico.



    Frotando una nuez sobre las ralladuras de los muebles cubrirá los golpes y arañazos.



    Para que las manzanas cortadas no se pongan pardas, manténgala unida con una banda elástica.



    Reorganice su repisa de lencería; guarde los juegos de cama dentro de una de las fundas,

    y no tendrá que buscar dentro del montón para completar el juego.
    (este me encanta !!)


    Mejore el volumen de su iPhone & iPod, colocándolo en un bol. La forma cóncava amplifica el sonido.



    Reutilice un dispensador de toallitas húmedas para guardar bolsas
    de plástico.


    Añada esto a su bolsa de playa: El talco para bebés ayuda a eliminar la arena pegada en la piel.
    ¿Quién se lo hubiera imaginado?



    Fije una tira de Velcro a la pared para sostener juguetes de peluche.



    Utilice alambres para sostener rollos de papel de regalos contra el techo del
    armario, en vez de ocupar espacio en el suelo.


    Encuentre fácilmente objetos pequeños, como
    pendientes,
    colocando un pedazo de media de nylon sobre el tubo de la aspiradora.



    Construya un transporte instantáneo para "cupcakes" cortando en forma de cruz en una tapa de una caja.



    Para aquellos que no resisten las cosas arrugadas o enrolladas:
    Cómo doblar correctamente una sábana "contour".



    ¿Se le pierden l
    as horquillas y alfileres? Use tiras magnéticas
    para mantener
    lossujetos tras la puerta de un estante/armariodel baño.


    Guarde los zapatos en un gorro de ducha, para evitar que la suela sucia le manche la ropa.

    Se consiguen dondequiera, prácticamente en cualquier hotel.


    Una tártara de hornear
    magdalenasse convierte en auxiliar para manualidades.
    Pequeños imanes en los vasitos plásticos los mantienen seguros y a prueba de vuelcos.



    Los cierres de las bolsas de pan se convierten en perfectas etiquetas para los cables.



    Pruebe a hornear "cupcakes" directamente en barquillos de helado,
    son mucho más divertidos y más fácil de comer por los niños.



    Haga sus propias
    palomitasde maíz en el microondas en un cartucho corriente de papel pardo.
    Es más saludable y más barato que los paquetes especiales.



    Instale una varilla de cortina para colgar sus botellas rociadoras.



    Ponga su tártara de hornear cabeza abajo y hornee la masa de bizcochitos por encima del molde:
    Obtendrá de inmediato pozuelitos de bizcocho para servir frutas o helado.



    Congele el jugo de sábila (Aloe Vera) en bandejas de hielo para el alivio de las quemaduras de sol.



    Puede crear un huerto de verduras colgado de la p
    ared, utilizando canalones de desagüe de techos.


    Los cartones de huevos son útiles para separar y guardar sus adornos de Navidad

sábado, 23 de abril de 2011

[KP] Un día cualquiera en una empresa española

Blog de Tio Tizo:

http://bosquedebrocelandia.wordpress.com/2011/04/20/un-dia-cualquiera-en-una-empresa-espanola/


Un día cualquiera en una empresa española
20 abril 2011 a las 12:23 · Archivado en Estocadas and tagged: explotación
laboral, ineficacia política,injusticia social
Siete de la mañana. Llego a mi lugar del trabajo. Ante mí, un inmenso párking
plagado de furgonetas que ya ni pasan la ITV; sé que me asignarán una de ellas,
así como una caja de herramientas desprovista de la mitad de su contenido y un
móvil con un bajo límite de crédito en el que tendré que economizar
las llamadas
de trabajo porque si no acabaré pagando yo. Un día, lo sé, va a pasar una
desgracia. Espero pacientemente a que me faciliten el material y me asignen el
recorrido de hoy, pero los coordinadores reciben instrucciones contradictorias
del alto mando y no saben a qué atenerse: colijo que no fue por los
merecimientos académicos ni la capacidad personal por lo que esos mandamases
consiguieron sus puestos, y entretengo la espera en imaginar cuántos sobornos
habrán pagado y cuántos subalternos habrán pisoteado para llegar hasta ese
punto.
Son ya las ocho cuando salimos de la central, yo y mi compañero. Tenemos que ir
200 km más allá para recoger un componente con el que arreglar una antena
telefónica situada a otro centenar de kilómetros más. Kilómetros, gasolina. El
gepeese del vehículo apenas funciona y para encontrar la dirección de
Vilanova i
la Geltrú adonde tenemos que dirigirnos hemos de preguntar a l@s lugareñ@s, que
no parecen haber oído el nombre de esa calle en su vida. Llamamos a la central
y, desconcertados, nos hacen volver. Kilómetros, gasolina. Tiempo. En la sede,
el coordinador descubre, después de mucho interrogar a los altos mandos, que la
localidad en cuestión es en realidad Vilanova del Camí, pero al final acabamos
encontrando la calle en Vilanova del Vallés. Sobornos, pisotones. Kilómetros,
gasolina. Tiempo. El componente que teníamos que instalar no es el que se
necesita. El técnico, al que llamamos con nuestro móviles porque los de la
empresa no tienen cobertura, no tiene ni idea de qué puede ser la la causa del
estropicio: el alto mando no le ha permitido ir a investigar y solo puede
imaginarlo. Sobornos, pisotones. Y nosotros no tenemos ninguna noción, ni nos
han hecho ninguna formación, sobre ese tipo de averías, se limitaron a
contratarnos porque cobramos menos que un operario más especializado. Empezamos
a tocar conexiones y por casualidad acertamos y el problema se resuelve.
Abandono la caseta de la antena telefónica dejando suciedad, grifos
que gotean y
cables sueltos; me ofrezco a adecentarlo todo en un momento, ya que estamos
allí, pero mi compañero dice que la empresa no nos permite reparar nada más que
las urgencias. En breve tendremos que volver de nuevo. Kilómetros, gasolina.
Tiempo.
De vuelta a la central, porque no hay tiempo de nada más, tengo que hacer los
partes de averías y enviarlos a Madrid. Esta labor he de realizarla
fuera de las
horas de trabajo, empleando mi propio portátil y mi propia conexión a Internet,
porque la empresa no me los proporciona. Sentado en las escaleras,
naturalmente,
porque tampoco tienen para ninguno de nosotros una triste mesa de trabajo. De
pronto, me dicen que hay reunión improvisada. En ella nos cuentan que sobra
personal. Va a haber recortes. Cierran una de las sucursales y nosotros
tendremos que encargarnos también de ella. Kilómetros. Gasolina. Tiempo. Y esa
decisión han tenido que tomarla porque los operarios, debería darnos vergüenza,
gastamos, perjudicando a la empresa que tanto se preocupa por nosotros,
cantidades ingentes de kilómetros, gasolina, tiempo… Y además, y por si fuera
poco, se nos ve un poco desmotivadilllos.
Vuelvo a mi casa. Tomo un periódico gratuito que está sobre un asiento del
metro, leo que mi empresa, por cierto subcontratada por una famosa compañía de
telecomunicaciones (pero todas son iguales), está obteniendo unos beneficios
increíbles, subiendo como la espuma y expandiéndose por toda Hispanoamérica. Y
comprendo que es a costa de las mentiras que la empresa que les subcontrata
cuenta a sus clientes, a costa de los trabajadores, a costa de la cutrez
generalizada en esos servicios por los que no podemos protestar porque no
tenemos quien nos escuche. A costa de un gobierno que no impone estándares de
calidad en los productos ni mínimos de seguridad ni justicia laboral, al menos
en la práctica, y permite que la manera de enroquecerse sea siempre mediante
sobornos a los más poderosos y pisotones a l@s más débiles.

jueves, 24 de marzo de 2011

Parabolas

Blog de Tio Tizo:
TÁCTICA

Dicen que una vez, había un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un cartel en el que, escrito con tiza blanca, decía: "POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO". Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue. Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Ahora su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconociendo sus pasos le preguntó si había sido él quien re-escribió su cartel y sobre todo, qué que era lo que había escrito allí. El publicista le contestó: -"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras".

Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía:
"ESTAMOS EN PRIMAVERA, Y... YO NO PUEDO VERLA"
Cambiemos de TÁCTICA cuando algo no nos sale, y verás que puede que resulte mejor de esa manera.





ACTO DE SOBERBIA

Un día el viejo león se despertó y conforme se desperezaba se dijo que no recordaba haberse sentido tan bien en su vida.

El león se sentía tan lleno de vida, tan saludable y fuerte que pensó que no habría en el mundo nada que lo pudiese vencer. Con este sentimiento de grandeza, se encaminó hacia la selva, allí se encontró con una víbora a la que paró para preguntarle.
"Dime, víbora, quien es el rey de la selva? le preguntó el leon.

Tu, por supuesto le respondió la víbora, alejándose del leon a toda marcha.
El siguiente animal que se encontró fue un cocodrilo, que estaba adormecido cerca de una charca.

El león se acercó y le preguntó Cocodrilo, dime ¿quien es el rey de la selva?
¿Por qué me lo preguntas? le dijo el cocodrilo, si sabes que eres tu el rey de la selva
Así continuó toda la mañana, a cuanto animal le preguntaba todos le respondían que el rey de la selva era el.

Pero, hete ahí que de pronto, le salió al paso un elefante.
Dime elefante, le preguntó el león ensoberbecido ¿sabes quién es el rey de la selva?

Por toda respuesta, el elefante enroscó al león con su trompa levantándolo cual si fuera una pelota, lo tiraba al aire y lo volvía a recoger...hasta que lo arrojó al suelo poniendo sobre el magullado y dolorido león su inmensa pata.

Muy bien, basta ya, lo entiendo atinó a farfullar el dolorido león, pero no hay necesidad de que te enfurezcas tanto, porque no sepas la respuesta.




LA FELICIDAD DE NO DEPENDER

La historia se refiere a un individuo que se mudó de aldea, en la India, y se encontró con lo que allí llaman un sennyasi. Este es un mendicante errante, una persona que, tras haber alcanzado la iluminación, comprende que el mundo entero es su hogar, el cielo su techo y Dios su Padre, que cuidará de él. Entonces se traslada de un lugar al otro. Tal como tú y yo nos trasladaríamos de una habitación a otra de nuestro hogar.
Al encontrarse con el sennyasi, el aldeano dijo:
"¡No lo puedo creer!

Anoche soñé con usted. Soñé que el Señor me decía:

-Mañana por la mañana abandonarás la aldea, hacia las once, y te encontrarás con este sennyasi errante- y aquí me encontré con usted."

"¿Qué más le dijo el Señor?" Preguntó el sennyasi.

Me dijo: "Si el hombre te da una piedra preciosa que posée, serás el hombre más rico del mundo ... ¿Me daría usted la piedra?"

Entonces el sennyasi revolvió en un pequeño zurrón que llevaba y dijo:
"¿Será ésta la piedra de la cual usted hablaba?"

El aldeano no podía dar crédito a sus ojos, porque era un diamante, el diamante más grande del mundo. "¿Podría quedármelo?"

"Por supuesto, puede conservarlo; lo encontré en un bosque. Es para usted."

Siguió su camino y se sentó bajo un árbol, en las afueras de la aldea. El aldeano tomó el diamante y ¡qué inmensa fue su dicha! Como lo es la nuestra el día en que obtenemos algo que realmente deseamos.

El aldeano en vez de ir a su hogar, se sentó bajo un árbol y permaneció todo el día sentado, sumido en meditación.

Al caer la tarde, se dirigió al árbol bajo el cual estaba sentado el sennyasi, le devolvió a éste el diamante y dijo: "¿Podría hacerme un favor?"

"¿Cuál?" le pregunto el sennyasi.

"Podría darme la riqueza que le permite a usted deshacerse de esta piedra preciosa tan fácilmente?"



LUCHA HASTA VENCER

En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.

Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron de urgencia al hospital del condado.

En su cama, horriblemente quemado y semi-inconsciente, el niño oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría - que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo.

Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría. De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió. Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.

Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido; ¡caminaría! Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.

Finalmente, le dieron de alta. Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada. No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.

Cuando no estaba en la cama, estaba confinado a una silla de ruedas. Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco. Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.

Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar. Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.

Por fin, gracias a los fervientes masajes diarios de su madre, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad, primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr.

Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.
Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de que sobreviviera, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, el Dr. Glenn Cunningham, ¡corrió el kilómetro más veloz del mundo!




EL MISTERIO DEL ELEFANTE

Cuando era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran sus animales.

También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal...
pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?.
¿Por qué no huye?

Cuando tenia cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes.
Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante.
Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:

-Si está amaestrado... ¿Por qué lo encadenan?.

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

"El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse.
Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... Jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante:
Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.

martes, 4 de enero de 2011

Exámenes casi gloriosos ( O para llorar)

Blog de Tio Tizo:
Publicado en un informe escolar de España. Cómo contestan los exámenes los chavales españoles ¡SE HA RESPETADO LA ORTOGRAFÍA ORIGINAL DE LOS ALUMNOS!

Música


P.- La orquesta: Definición, esquema de distribución de los instrumentos y criterio de colocación de estos instrumentos.
R.- La orquesta es cuando se guntan mucha gente que toca, y toca la música. Los instrumentos se colocan unos delante y detras y eso depende del tamaño, por ejemplo la gaita se coloca siempre delante.


P.- Características generales de la música barroca.

R.- Creo que ay un despiste en la pregunta, me parece que es la música marroca. Voy a contestar esto. La música marroca es la de los moros de Marruecos que es muy importante porque la tocaban los moros cuando ivan a las batallas de conquista.

P.- Beethoven..

R.- Este era un señor sordo que compuso la letra de Miguel Rios o sea el Himno de la alegría. Pero cuando la izo no era de rocks. Daba muchos conciertos en la época de Franco y hizo también ’Para Luisa’ que no tiene paranjon en la historia de la música.

-Vocabulario musical (define):
Barítono: es el que lleba la barita o sea el que dirije a los otros

Tenor: es un cantante como Placido Domingo

Soprano: esto no lo se

Villancico: es lo que se canta en Navidad cerca del arbol

Sinfonía: es lo que tocan las orquestas

Movimiento adagio: eso no lo trae mi libro

Movimiento allegro: que lo cantan los musicos cuando o sea estan contentos.

Nota: Este alumno fue a protestar porque lo suspendieron.

Lengua y Literatura
P.- Medir el segundo verso escrito en la pizarra.
R.- En la pizarra, unos 75 centímetros , en el papel más o menos una cuarta (lo digo aproximado porque no me he traído el metro).

Ciencias y geografía


P.- Movimientos del corazón.
R.- El corazón siempre está en movimiento, solo está parado en los cadáveres.

P..- Movimientos del corazón (otra respuesta).
R.- De rotación alrededor de sí mismo y de traslación alrededor del cuerpo.

P.- Huesos de la pantorrilla.
R.- Está formado por el hueso más largo del cuerpo, que es el fémur, que va desde el omoplato hasta la rótula.

P.- El cerebro.
R..- Las ideas, después de hablar, se van al cerebro..

P..- Ejemplo de parásito interno .
R.- Las vísceras..

P.- Un parásito interno del hombre.
R..- El langostino.

P...- Músculos del cuello.
R.- Electrocleidomésticos.

P.- Capacidad pulmonar.
R.- Es de unos cinco mil litros.

P..- Reproducción sexual.
R.- Para que se provoque la FERMENTACIÓN , tienen que estar el órgano masculino dentro del femenino.

P.- Dimorfismo sexual.
R.- El macho se diferencia de la hembra por una prolongación más o menos larga.

P.- Antibióticos.
R.- El alcohol, algodón y agua oxigenada.

P.- Estimulantes del sistema nervioso.
R.- El café, el tabaco y las mujeres

P.- Odontólogo.
R.- Carnívoro que se alimenta de presas vivas.

P.- Pediatra.
R.- Médico de pies.

P.- Definición de rumiantes.
R.- Son los que eruptan al comer.

P.- Marsupiales.
R.- Los animales que llevan las tetas en una bolsa.

P.- Aves prensoras..
R.- Son las aves que viven en las ’prensas’, sitos donde hay mucha agua.

P.- Aves prensoras (otra buena).
R.- Tienen bonitos coloridos, como el cuervo..

P.- Ejemplos de nematoceros (mosquitos).
R.- El ’buo’, el ’buo’ real y el mochuelo.

P.- El alantoides.
R.- Es una especie de rabo que tiene el pollo para respirar.

P.- Reptiles.
R.- Son animales que se disuelven en el agua.

P.- Ejemplo de reptil.
R..- La serpiente ’Putón’

P.- Anfibios.
R.- La rana tiene una hendidura cloacal, por la cual lanza el típico sonido ’cloac, cloac’.

P.- Moluscos.
R.- Son esos animales que se ven en los bares, por ejemplo el cangrejo.

P.- División de los moluscos.
R.- Gasterópodos, bivalvos y simios.

P.- Partes del insecto.
R.- Son tres: in-sec-to

P.- La abeja.
R.- Se divide en reina, obreras y ’zagales’.

P.- ¿Conoces algún vegetal sin flores?
R.- Si, conozco algunos.

P.- Las algas.
R.- Son animales con caracteres de vegetales.

P.- Fases de la Luna.
R.- Luna llena, luna nueva y menos cuarto.

P.- Formación de las cordilleras.
R.- Las montañas no se forman en uno o dos días, tardan mucho tiempo en formarse.

P.- ¿Qué río pasa por Viena?
R.- El Vesubio azul.

P.- Afluentes del Duero por la derecha.
R.- Son los mismos que por la izquierda.

P.- Glaciares
R.- Pueden ser por erosión y por defunción.

P.- Volcanes.
R.- En Mallorca está el Teide. El agua de mar se solidifica y sale por el cráter.

P..- Productos volcánicos.
R.- Las bombas atómicas.

P.- Cómo se llaman los habitantes de Ceuta.
R..- Centauros..

Geografía


P.- Característica de Holanda.
R.- En Holanda, de cada cuatro habitantes, uno es vaca.

P.- Países que forman el Benelux .
R.- Bélgica, Luxemburgo y Neardental

P.- Países productores de miel.
R.- La Granja de San Francisco

P.- Depuración del agua.
R.- Se hace por los rayos ultraviolentos.

P.- La sal común.
R.- Tiene un curioso sabor salado.

P.- Brisa del mar.
R.- Es una brisa húmeda y seca.

P.- El mendelismo.
R.- Mendel trabajó mucho ayudado por caracoles.

Matemáticas y Física


P.- Polígono.
R.- Hombre con muchas mujeres.

P.- Círculo
R.- Es una línea pegada por los dos extremos formando un redondel.

P.- Averiguar el número primo 2639.
R.- Para mí que este número no es primo porque no hay ningún número que dividido por este número que es 2639 nos de exacto. Si usted ve que está mal corrijalo

P.- Trabajo y energía.
R.- Trabajo es si cogemos una silla y la ponemos en otro sitio, energía es cuando la silla se levanta sola..

P.- Palabra derivada de luz.
R.- Bombilla.

Historia y religión


P.- El hombre primitivo.
R.- Se vestía de pieles y se refugiaba en las tabernas.

P.- Etapas más importantes en la evolución del hombre.
R.- Sobre el año 570 se cree en la primera aparición del Homo sapiens. A partir del 570 y hasta el 1200 el Homohabilis. A partir del 1200 y hasta aproximadamente el 1701 el Homohabilis y después, hombres normales.

P.- Comentar algo del 2 de mayo.
R.- ¿De qué año?

P.- El arte griego.
R.- Hacían botijos

P.- El Cid.
R.- Quiso armarse caballero y se buscó a un aldeano llamado Sancho Panza y se fue por esos mundos...

P-La catedral de León.
R.- Fue construida por los romanos gracias a un arquitecto americano.

P.- La soberbia.
R..- Es un apetito desordenado de comer y beber, que se corrige practicando la lujuria.

P.- Moisés y los israelitas.
R.- Los israelitas en el desierto se alimentaban de patriarcas.

P..- La Fe.
R.- Es lo que nos da Dios para poder entender a los curas.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Cuento: EL DÍA QUE EL SR. COMPUTADORA SE CAYÓ DE SU ÁRBOL Philip K. Dick

Blog de Tio Tizo:

EL DÍA QUE EL SR. COMPUTADORA SE CAYÓ DE SU ÁRBOL

Philip K. Dick.

Despertó, y sintió de golpe que algo estaba aterradoramente mal. Oh, Dios mío, pensó mientras se percataba que el señor Cama lo había depositado hecho un ovillo en un montón desordenado contra la pared. Está comenzando de nuevo, se dio cuenta. Y el Directorio Oeste nos prometió infinita perfección. Esto es lo que conseguimos, pensó, por creer lo que dicen simples humanos.

Como mejor pudo, logró desembarazarse de sus sábanas, se levantó tembloroso y cruzó la habitación rumbo al señor Armario.

—Quisiera un elegante traje cruzado, gris zapa —le informó, hablando crispadamente al micrófono sobre la puerta del señor Armario—. Una camisa roja, calcetines azules, y...

Pero fue inútil. La ranura ya estaba vibrando mientras un par de grandes bombachos de seda para mujer estaban deslizándose hacia fuera.

—Tienes lo que ves —dijo la metálica voz del señor Armario, llegando hasta él con un eco profundo.

Con ánimo sombrío, Joe Contemptible se puso los bombachos. Al menos era mejor que nada, como aquel día, en el Terrorífico Agosto, cuando la vasta computadora poli encefálica en Queens les había dado a todos, en la Más Grande América, nada más que un pañuelo para usar.

Dirigiéndose al baño, Joe Contemptible lavó su cara, y encontró que el líquido que estaba rociando sobre sí mismo era tibia cerveza de raíz. Cristo, pensó. Esta vez el señor Computadora está mucho más loco que nunca antes. Ha estado leyendo cuentos de ciencia ficción del viejo Phil Dick, decidió. Esto es lo que ganamos por proveer al señor Computadora con toda clase de basura arcaica del mundo, para que lea y almacene en sus bancos de memoria.

Terminó de peinar su cabello, sin hacer uso de la cerveza de raíz, y luego, habiéndose secado, entró en la cocina para ver si el señor Cafetera tenía al menos un fragmento de cordura en una realidad que estaba deteriorándose completamente a su alrededor.

No tuvo suerte. El señor Cafetera le presentó servicialmente una taza con jabón. Bien, ¿qué le vamos a hacer?

El problema real, sin embargo, llegó cuando trató de abrir al señor Puerta. El señor Puerta se negó a abrir; en lugar de ello se quejó con un sonido metálico:

—Los caminos de la gloria no conducen sino a la tumba.

—¿Y eso qué significa? —demandó Joe, enojado ahora. Esta situación absurda ya no tenía gracia. Nunca la había tenido en circunstancias similares con anterioridad, excepto, quizá, cuando el señor Computadora le había servido para el desayuno faisán asado.

—Significa —dijo el Sr. Puerta— que estás perdiendo tu tiempo, desgraciado. De ninguna manera vas a ir a tu oficina hoy.

Esto resultó ser cierto. La puerta no se abrió; a pesar de sus esfuerzos, el mecanismo, controlado a muchas millas de distancias por la matriz maestra poli encefálica, se rehusó a ceder.

¿Desayunaría, entonces? Joe Contemptible apretó los botones del módulo de control del señor Alimentos, y se encontró contemplando un plato de fertilizante.

Inmediatamente, alzó el teléfono y atacó salvajemente los números que lo podrían en contacto con la policía local.

—Fantasías Animadas S.A. —dijo la cara sobre la pantalla—. Una versión animada, en caricaturas, de tus prácticas sexuales será producida en una semana, ¡incluyendo GLORIOSOS EFECTOS DE SONIDO!

Maldición, se dijo a sí mismo Joe Contemptible, y colgó.

Había sido una mala idea desde el principio, allá en 1982, operar cada mecanismo desde una fuente central. Desde luego, la idea básica había sonado bien: con la capa de ozono consumida, mucha gente se estaba comportando de manera irracional, y se había vuelto necesario resolver el problema con algunos medios electrónicos inmunes a las radiaciones ultravioleta que deterioraban la mente y que ahora, fluían hacia la Tierra. El señor Computadora pareció, en su momento, ser la respuesta. Pero, era triste decirlo, el señor Computadora había absorbido demasiada influencia perturbada de sus constructores y así, como ellos, tenía sus propios episodios psicóticos.

Desde luego había una respuesta. Apresuradamente había sido encontrada, puesta en su lugar, como si fuera una sola cosa junto con el problema. Era la encargada de Salud Mental Mundial, una formidable y vieja arpía llamada Joan Simpson, a la que se le había otorgado cierta clase de inmortalidad, así estaría siempre disponible para tratar al señor Computadora durante sus crisis de locura. La señorita Simpson estaba conservada en el centro de la Tierra en una cámara especial recubierta de plomo, a salvo de las dañinas radiaciones que llegaban a la superficie, en una animación de suspensión parcial llamada Pak Tristeza, en la cual, se decía, la señorita Simpson yacía adormilada mientras era entretenida por una interminable procesión de programas impagables de radio de los años cuarenta, alimentándola en un círculo cerrado interminable. La señorita Simpson, se decía, era la única persona cuerda sobre, o más bien dentro, de la Tierra; esto, aunado a sus soberbias habilidades, así como su infinito entrenamiento en el arte de sanar construcciones psicóticas, la hacía la única esperanza de supervivencia para la Tierra.

Dándose cuenta de esto, Joe Contemptible se sintió un poco mejor, pero no mucho; porque acababa de recoger al señor Diario que estaba sobre el suelo, a un lado de la ranura de la puerta principal. El encabezado decía:

ADOLFO HITLER CORONADO PAPA. LAS MULTITUDES CELEBRAN EN CANTIDADES RECORD.

Lo mismo le sucedía al señor Diario, se percató Joe con aire lúgubre, y lo arrojó por la ranura del señor Basurero. El mecanismo se revolvió, y luego, en lugar de ingerirlo o deshacerlo, lo expelió de nuevo. Joe, una vez más, le echó de nuevo un breve vistazo al encabezado, vio la fotografía de un esqueleto humano, ataviado de bigote y uniforme nazi, portando la gran corona papal; Joe se sentó en el sofá de la sala de estar a aguardar el momento, seguro de que llegaría pronto, en que la señorita Simpson fuera despertada del Pak Tristeza para tratar al señor Computadora y, al hacerlo, devolverle la cordura al mundo.

Un tanto para sí mismo, Fred Doubledome dijo:

—Está psicótico, correcto, le pregunté si sabía dónde estaba y dijo que flotando en una balsa sobre el Missisippi. Ahora, confírmalo por mí. Pregúntale quién es.

El doctor Pacemaker tocó el botón de control para preguntas sobre la consola de la vasta computadora, preguntándole: ¿QUIEN ERES?

La respuesta apareció en la pantalla inmediatamente: TOM SAWYER

—¿Lo ves? —dijo Doubledome—. Está totalmente desconectado de lo que sucede en la realidad. ¿Ha comenzado ya la reactivación de la señorita Simpson?

—Afirmativo, Doubledome —dijo Pacemaker, y como si probara estar en lo correcto, unas puertas se deslizaron a los lados para mostrar el contenedor recubierto de plomo en el cual la señorita Simpson dormía, escuchando su programa de radio favorito del día, Mamá Perkins.

—Señorita Simpson —dijo Pacemaker, inclinándose sobre ella—. Tenemos de nuevo un problema con el señor Computadora. Está totalmente ido. Ha mandado todas las líneas vehiculares de Nueva York por la misma ruta, hacia la misma intersección. La pérdida de vidas ha sido severa. Y en lugar de responder al desastre con equipos de bomberos y con la policía, ha despachado a un grupo de payasos de circo.

—Ya veo —les llegó la voz de la señorita Simpson a través del sistema de transducción y amplificación de sonido por el cual se comunicaban con ella—. Pero primero, debo atender un incendio en el almacén de leña de Mamá Perkins. Ustedes verán, su amigo Shuffle...

—Señorita Simpson —dijo Pacemaker—, nuestra situación es grave. La necesitamos. Salga de su niebla habitual y venga a trabajar para restaurarle la cordura al señor Computadora. Entonces podrá regresar a sus series radiofónicas.

Se quedó contemplando cómo era la señorita Simpson, sorprendido, como siempre, por su belleza virtualmente antinatural. Grandes ojos negros con largas pestañas, la voz sedosa y sensual, su pelo muy corto e intensamente negro, ¡tan adecuada en un mundo de caos y suciedad!, su cuerpo firme y flexible, su cálida boca sugiriendo amor y consuelo... Increíble, pensó, que la única persona realmente sana en la Tierra (y la única capaz de salvarla) pudiera ser, al mismo tiempo, sorprendentemente encantadora.

Pero eso no importaba; no era el momento para tener esos pensamientos. Las noticias de la NBC, por televisión, ya habían reportado que el señor Computadora había cerrado todos los aeropuertos del mundo y los había convertido en estadios de béisbol.

Poco después, la señorita Simpson ya estaba estudiando un abstracto esquema compuesto que delineaba las órdenes erráticas del señor Computadora.

—Está claramente en una situación regresiva —les informó, sorbiendo distraídamente su taza de café.

—Señorita Simpson —dijo Pacemaker—, me temo que es agua jabonosa lo que está bebiendo.

—Tiene razón —dijo la señorita Simpson, bajando su taza—. Me doy cuenta que el señor Computadora está jugándole bromas infantiles a la masa de la humanidad. Coincide con mi hipótesis hipostática.

—¿Cómo hará que vuelva a la normalidad esta vasta construcción? —preguntó Pacemaker.

—Evidentemente se topó con una situación traumática que le causó la regresión —dijo la señorita Simpson—. Localizaré el trauma y entonces procederé a insensibilizar al señor Computadora confrontándole con este trauma. Mi monitor, en este sentido, le presentará al señor Computadora cada letra del alfabeto en orden, calibrando sus reacciones hasta que yo perciba que, en un movimiento de salud mental, logremos una reacción de desagrado.

Lo hizo así. El señor Computadora, en la letra J, emitió un quejido apagado; le salió un poco de humo. La señorita Simpson entonces repitió la secuencia de letras. Esta vez el quejido sordo y la emisión de humo se presentaron en la letra C.

—J.C. —dijo la señorita Simpson—. Quizá se refiera a Jesucristo. Quizá la Segunda Venida ha tenido lugar, y el señor Computadora teme ser desconectado. Empezaré asumiendo eso. Coloquen al señor Computadora en un estado semicomatoso, así podrá hacer asociaciones libres.

Los técnicos se apresuraron a realizar la tarea asignada. El murmullo virtualmente inconsciente de la gran computadora comenzó a salir de los canales de audio montados a través de la cámara de control.

—...programándose él mismo para morir —la computadora divagó—. Una buena persona como él... una orden de análisis de DNA... va a pedir que aceleren y no que detengan el proceso de muerte. El salmón nadando contra corriente para morir... eso le atrae... después de todo lo que he hecho por él. Rechaza la vida. Estar conciente de ello. Desea morir. No puedo soportar la muerte voluntaria, una reprogramación totalmente opuesta al propósito de la matriz del comando de programación del DNA... —seguía diciendo incoherentemente—.

La señorita Simpson dijo con agudeza:

—¿Qué nombre le surge, señor Computadora? ¡Un nombre!

—Empleado en una tienda de discos —la computadora farfullaba—. Una autoridad en los Lieder alemanes y en las baladas de rock de los sesenta. Qué desperdicio. Pero el agua es cálida. Creo que pescaré. Que mi caña se hunda y atrape un gran bagre. ¡La sorpresa que se llevará Huck, y Jim también! Jim es todo un hombre aunque...

—¿Qué nombre? —repitió la señorita Simpson.

El vago murmullo continuaba.

Rápidamente, la señorita Simpson se dirigió a Doubledome y a Pacemaker, que permanecían rígidos y atentos, y les dijo:

—Encuentren a un empleado de discos cuyas iniciales sean J.C., y que sea una autoridad en los Lieder alemanes así como en las baladas de rock de los sesenta. ¡Y de prisa! ¡No tenemos mucho tiempo!

Habiendo dejado su departamento por la ventana, Joe Contemptible recorrió su camino entre vehículos chocados y conductores coléricos que vociferaban, se dirigió a la Compañía Artística de Música, la tienda de discos donde había trabajado la mayor parte de su vida. Al menos había podido salir de su...

Repentinamente, dos policías vestidos de gris se materializaron frente a él, sus caras ceñudas; ambos, sosteniendo macanas, apuntaron al pecho de Joe:

—Vas a venir con nosotros —dijeron, virtualmente al unísono.

Joe sintió el repentino impulso de correr; en cambio, permaneció quieto. Pero entonces sintió un intenso dolor, el policía le dio un puñetazo y, mientras caía, se dio cuenta que ya era muy tarde para huir. Había sido capturado por las autoridades. Pero, ¿por qué?, se preguntaba. ¿Era solamente una redada al azar? ¿O estaban sofocando un frustrado golpe contra el gobierno? ¿O acaso...?, sus vagos pensamientos competían entre sí... ¿han llegado por fin los extraterrestres para ayudarnos en nuestra lucha por la libertad? Entonces, la oscuridad lo envolvió, una piadosa oscuridad.

Lo siguiente que supo fue que dos miembros de la clase tecnócrata le estaban sirviendo una taza de agua jabonosa; un policía armado aguardaba en el fondo, con su macana lista para cuando la situación lo requiriera.

En un rincón de la cámara se encontraba sentada una mujer de cabello negro, extraordinariamente hermosa; usaba una minifalda y botas, todo pasado de moda pero seductoramente astuta, y vio, además, que tenía los ojos más grandes y cálidos que había visto en su vida. ¿Quién era? ¿Y... qué quería de él? ¿Por qué había sido traído ante ella?

—Su nombre —dijo uno de los tecnócratas vestidos de blanco.

—Contemptible —se las arreglo para decir, incapaz de apartar sus ojos de la joven extraordinariamente hermosa.

—Usted tiene una cita con el departamento de Replanteamiento de DNA —dijo crispadamente el otro de los tecnócratas de blanco—. ¿Cuál es su propósito? ¿Qué rasgos inamovibles del estanque genético intenta... debería decir intentaba, alterar?

Joe dijo poca convicción:

—Yo... quería ser reprogramado para... ustedes saben, una Vida Más Larga. La codificación para morir estaba a punto de activarse en mí, y yo...

—Sabemos que eso no es cierto —dijo la encantadora mujer de cabello negro con una voz intensa y sensual, que era no obstante también una voz plena de inteligencia y autoridad—. Estaba intentado suicidarse, ¿verdad señor Contemptible? ¿Al modificar su código genético no intentaba posponer su muerte sino provocarla?

No dijo nada. Obviamente, ellos estaban enterados.

—¿POR QUÉ? —dijo la mujer con aspereza.

—Yo... —dudó—. Entonces, derrumbándose en su fracaso, se las arregló para decir:

—No estoy casado. No tengo esposa. Nada. Solo mi maldito trabajo en la tienda de discos. Todos esos malditos cantos alemanes y esas canciones de rock; están en mi cabeza constantemente, dando vueltas día y noche, constantemente, mezclándose Goethe y Heine con Neil Diamond. —Levantando su cabeza y con un desafío furioso dijo—: ¿Por qué debería vivir entonces? ¿Le llaman a eso vida? Es existir, no vivir.

Se hizo silencio.

Tres ranas cruzaron a saltos por el piso. El señor Computadora ahora estaba llenando de ranas todos los conductos de aire de la Tierra. Media hora antes habían sido gatos muertos.

—¿Saben lo qué es eso, tener melodías como «La canción que te canto / El amor que te traigo» flotando dentro de tu cabeza? —dijo Joe con calma.

La encantadora mujer de cabello negro dijo de repente:

—Creo que yo lo sé, Contemptible. Verás, soy Joan Simpson.

—Entonces... —Joe comprendió en un instante—. ¡Tú estás ahí en el centro de la Tierra viendo series de televisión sin fin! ¡En un ciclo interminable!

—No los veo —dijo Joan Simpson—. Los escucho. Son de radio, no de televisión.

Joe no dijo nada. No había nada que decir.

Uno de los tecnócratas de blanco dijo:

—Señorita Simpson, debemos comenzar a trabajar para restaurar la cordura del señor Computadora. En este momento está fabricando cientos de miles de Pollys.

—¿Pollys? —dijo Joan Simpson, desconcertada; entonces el entendimiento iluminó sus cálidos rasgos—. Oh, sí. Su amor de infancia.

—Señor Contemptible —le dijo a Joe uno de los tecnócratas vestidos de blanco—, es debido a su falta de amor por la vida que el señor Computadora se ha vuelto chiflado. Para poder devolverle la cordura al señor Computadora primero debemos devolvérsela a usted. —Se dirigió a Joan Simpson—: ¿Estoy en lo correcto?

Ella asintió, encendió un cigarrillo y se inclinó hacia atrás pensativamente.

—Bien —dijo después de un momento—. ¿Qué implicaciones tendría el cambiarte tu programa, Joe? ¿Para que quieras vivir en lugar de morir? El síndrome disruptivo del señor Computadora está directamente relacionado con el tuyo. El señor Computadora siente que ha fallado en el mundo debido a que, al examinar un índice cruzado de individuos por quienes se preocupa, ha encontrado que tú...

—¿Se preocupa? —dijo Joe Contemptible—. ¿Quieres decir que le agrado al señor Computadora?

—Y está a su cuidado —explicó uno de los tecnócratas de blanco atuendo.

—Espera —Joan Simpson escudriñó a Joe Contemptible—. La frase «por quienes se preocupa» te ha hecho reaccionar. ¿Qué piensas que significa?

Con dificultad, dijo:

—Le agrado. En ese sentido, se preocupa por mí.

—Déjame preguntarte esto —dijo Joan Simpson luego, arrojando su cigarrillo y encendiendo otro—. ¿Sientes que nadie se preocupa por ti, Joe?

—Era lo que decía mi madre —dijo Joe Contemptible.

—¿Y tú le creíste? —preguntó Joan Simpson.

—Sí —asintió.

Repentinamente Joan Simpson se deshizo de su cigarrillo.

—Bien, Doubledome —dijo con una voz vigorosa y calmada—. No va a haber más programas de radio parloteándome. No voy a volver al centro de la Tierra. Se acabó, caballeros. Me apena, pero así son las cosas.

—¿Va a dejar al señor Computadora así de trastornado como está...?

—Voy a curar al señor Computadora —dijo Joan Simpson con una voz llana— curando a Joe. Y... —una leve sonrisa apareció en sus labios— y a mi misma, caballeros.

Se hizo un silencio total.

—Correcto —dijo uno de los dos técnicos de blanco después—. Los mandaremos a ambos al centro de la Tierra. Y pueden desconcertarse mutuamente por toda la eternidad. Excepto cuando sea necesario sacarlos del Pak Tristeza para sanar al señor Computadora. ¿Es un trato justo?

—Esperen —dijo débilmente Joe Contemptible, pero la señorita Simpson ya estaba asintiendo:

—Está bien.

—¿Qué hay de mi departamento? —protestó Joe—. ¿Mi trabajo? ¿Qué hay de mi desgraciada e inútil pequeña vida a la que estoy acostumbrado?

—Eso ya está cambiando, Joe —Joan Simpson dijo—. Ahora me has encontrado.

—¡Pero yo pensaba que eras vieja y fea! —dijo Joe—. No tenía idea de...

—El universo está lleno de sorpresas —dijo Joan Simpson, y alzó sus brazos abiertos esperándolo.

FIN

Título Original: The Day Mr. Computer Fell Out of its Tree © 1977.

Edición digital: Gilberto Quintero.

Revisado y Editado por Sadrac.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

LA FRASE DEL AÑO,

Blog de Tio Tizo:
LA FRASE DEL AÑO,

Esta frase la ha dicho el ganador del Nobel de medicina (el oncólogo brasileño Drauzio Varella).

m.felix

GENIAL

"En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en
medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven".

martes, 28 de diciembre de 2010

Feliz 2011

Blog de Tio Tizo:
:Hay 2 días al año sobre los que no puedes hacer nada: AYER Y MAÑANA: solamente hoy podrás perdonar, sonreir, soñar, amar, sentir…Feliz año nuevo 2011

::Para Navidad: felicidad, para Año Nuevo: prosperidad, y para siempre: nuestra amistad. Feliz año nuevo 2011

::Los amigos son como las estrellas, no siempre hablas con ellas pero tu sabes que siempre están allí.Feliz año nuevo 2011

::Te gusta que te soben, que te rocen, que te hagan sudar¿?. Sentir el aliento, llegar al fondo, subir, bajar…? Pues en el 2011…. Utiliza el MicroFeliz año nuevo 2011!!

::Se cambia de año; se cambia de sueños; se cambia de objetivos; se cambia de aspecto. Pero jamás, jamás se cambia de amigos. Feliz año nuevo 2011!!.

::Cuando sonaron las doce campanadas cerraste los ojos y pediste un deseo a este Año Nuevo, a esa hora yo hice lo mismo. Mi deseo: ¡Que el tuyo se haga realidad! ¡Feliz Año Nuevo!

::Cierra los ojos, piensa en todo lo que te hizo sonreír en el año que termina y olvídate de lo demás... Ojalá esas sonrisas se te multipliquen por 2011. Feliz año nuevo 2011

::Si la vida te da mil razones para llorar, demuestra que tienes mil y una para soñar. Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad. Feliz año nuevo 2011.

::La policía busca a una persona guapa, fotosy, carismática e increíblemente buena en la cama. Tú, claro, estás a salvo, pero yo… ¿Dónde me escondo? ¡Feliz año nuevo 2011

::Que todas tus ilusiones y metas se cumplan en el nuevo año, Pero si tu felicidad depende de mi amistad, considérate la persona mas feliz del mundo. Feliz año nuevo 2011 !

::Me he enterado que un ángel se ha escapado del cielo; no te preocupes que no les diré dónde estás ;)Feliz año nuevo 2011

::Deseo que la paz secuestre tu vida, el amor inunde tu alma y la felicidad refleje en tu cara, te deseo, de corazón todo lo bueno que te mereces. Feliz Año Nuevo!!

::Que este nuevo año encuentres felicidad, salud, amor, dinero, paz y todo lo que necesites. Y lo que no encuentres búscalo enwww.cabinas.net Feliz año nuevo 2011

::Cuando recibas este sms, cierra los ojos e imagina los momentos más felices de tu vida; eso es lo que deseo para ti, un feliz añolleno de alegría.Feliz año nuevo 2011

::Solo te deseo dos cosas TODO Y NADA: Todo lo que te haga feliz y Nada que te haga sufrir Feliz año nuevo 2011!!!

::Que la lluvia de la felicidad te agarre con el paraguas roto, te empape y salpique a todos los que están alrededor. Feliz año nuevo 2011!!

::En la vida se cambia de año pero no de amigos.. espero quee nuestra amistad dure para siempre. Feliz año nuevo 2011!!

::Si quieres un año de prosperidad, siembra trigo. Si quieres diez años de prosperidad, siembra árboles frutales. Si quieres una vida de prosperidad, siembra amigos. Te deseo que siembres muchos amigos el año 2011 Feliz año nuevo 2011

::Te deseo 65 dias de amor, 129 dias de suerte y 171 dias de felicidad! Feliz año nuevo 2011.

::Te he concedido 365 nuevas ilusiones”.Feliz año nuevo 2011

::Los amigos son como los radares de la guardia civil, aunque no los veas siempre estan ahi. Feliz año nuevo 2011

::Coloca tu mano derecha sobre tu hombro izquierdo y tu mano izquierda sobre tu hombro derecho. Acabas de recibir un abrazo a distancia. ¡Feliz año nuevo 2011 !

::Esta frase es una cajita de paz llena de alegría, envuelta con cariño, sellada con una sonrisa y enviada con un beso. Feliz Año !

::Que la lluvia de la paz, la esperanza, la felicidad y el amor te pille con el paraguas roto y salpique a todos los que están en tu alrededor. Feliz año nuevo 2011 !

::Querido amigo, si recibes este sms es porque la luz que te guía está cercana a la mía. Ojalá estas luces nunca se separen. Feliz navidad de todo corazón y próspero año nuevo.

::"Hola, soy Sadam, que haceis por fin de año? es que estoy colgao";-)

::Felicidades en estas Fiestas!... con el deseo de que esta Noche de Paz sea tan sólo el comienzo de un Año pleno de éxitos! Feliz año nuevo 2011

:: Cuando suenen las doce campanadas, cierra los ojos y pide un deseo al Año Nuevo, a esa hora yo haré lo mismo. Mi deseo: ¡Que el tuyo se haga realidad! Feliz año nuevo 2011.

::En este momento en este país hay 66.000 personas haciendo el amor, 15.820 estan terminando, 19.965 estan empezando, 28.819 están en plenoplacer y solo hay un c***o leyendo mensajes. ¡¡¡Despierta! Feliz año nuevo 2011.

::En estas fechas quería enviarte algo dulce, cariñoso,tierno y muy entretenido. Pero lo siento, yo no entro por la pantalla.Feliz año nuevo 2008.

::Pon tu mano derecha en tu hombro izquierdo y tu mano izquierda en tu hombro derecho. Ahí va mi abrazo. Feliz año nuevo 2011

::Espero ser el primero en felicitarte el año nuevo. ¡FELIZ 2020

jueves, 7 de octubre de 2010

Entrevista a hombre de 70 años

Blog de Tio Tizo:

A un hombre de unos 70 años le está entrevistando un periodista. El hombre entrevistado se expresa del siguiente modo:

Soy hijo de exiliados.
Hasta los 27 años y poco antes de la transición no pude volver a España por culpa de Franco.
A mi padre, pobrecito, no sabíamos ni dónde enterrarle.
Mi madre estuvo muchos años en silla de ruedas.
Ahora tengo 70 años.
Hace meses me sacaron el 30 % de un pulmón.
Mi mujer es inmigrante. Tengo tres hijos con ella.
De los tres sólo trabaja una, la del medio,.... pero no cobra nada. Todos, incluidos los nietos, viven de mi asignación.
La mayor se acaba de divorciar. Mi yerno se daba a las drogas y al alcohol y la ha dejado con dos niños.
El pequeño de mis hijos aún no se ha ido de casa y además se ha casado con una divorciada y la ha traído a vivir con nosotros. Esa señora antes trabajaba, tenía muy buen puesto, pero desde que vino a mi casa ya no hace nada. Ahora tienen dos niñas que también viven bajo nuestro techo.... y para colmo este año, con lo de la crisis, casi no nos hemos podido ir de vacaciones y si me apuras.... ni he podido celebrar que España ha ganado el Mundial.

El periodista pone los ojos muy redondos y comenta:


"Majestad, no creo que su situación sea tan mala".

lunes, 20 de septiembre de 2010

los hombres pueden ser...

Blog de Tio Tizo:

LOS HOMBRES PUEDEN SER .....

COMO EL CAFE....
Son ricos, calientes...
y si tienes suerte, te mantienen despierta toda la noche.

COMO EL CHOCOLATE
...
Dulces, suaves... y generalmente se van directo a tus caderas..
.

COMO LAS HIELERAS
...
Llénalos de cerveza... y te lo podrás llevar a donde tu quieras...!


COMO LOS HOROSCOPOS...
Siempre te dicen qué hacer y generalmente están equivocados.


COMO EL RIMEL
...
Se corren a la primera lágrima.


COMO LAS MINIFALDAS
...
Si no tienes cuidado...se te suben por las piernas.


COMO LOS LUGARES PARA ESTACIONARSE
....
Los buenos ya están ocupados, y los que se quedan
son minusválidos o demasiado pequeños...

COMO EL CLIMA...
Nada se puede hacer para cambiarlo.


COMO TORMENTAS DE NIEVE
...
Nunca se sabe cuando vienen, cuántos centímetros tendrán... ni cuánto pueden durar..!


COMO EL CEMENTO
...
Después de esparcidos...
tardan un rato en ponerse duros...!


COMO AUTOS USADOS
...
Fáciles de obtener, baratos... y nada confiables.


COMO LAS PIZZAS
...
Llamas por teléfono...
y en media hora están calientes en tu puerta.


COMO LAS VACACIONES
...
Nunca son lo suficientemente largas... !


jajajajajajaja

Hola y adiós - Ray Bradbury (Cuento CF)

Blog de Tio Tizo:

Hola y adiós

Ray Bradbury, 1.953

(Traductor: Luis Bou)

Pues claro que se iba, qué otra cosa podía hacer, el tiempo se había agotado y se iba, se iba muy lejos. Tenía ya hecha la maleta, había sacado brillo a los zapatos; se había cepillado el pelo y se había lavado expresamente detrás de las orejas. Tan sólo faltaba bajar las escaleras, salir por la puerta y subir la calle hasta la estación del pueblo, donde el tren se detendría exclusivamente para recogerle a él; entonces Fox Hill, Illinois, quedaría atrás, muy atrás en su pasado. Y él proseguiría su camino, quizá a Iowa, tal vez a Kansas, quién sabe si a California; un chiquillo de doce años, en cuya maleta un certificado de nacimiento acreditaba que lo había hecho hacía cuarenta y tres.

–¡Willie! –exclamó una voz en la planta baja.

–¡Ya voy! –Alzó del suelo la maleta. Vio en el espejo de su cómoda un rostro formado por dientes de león de junio, manzanas de julio y leche de cálida mañana de verano. Allí, como siempre, se reflejaban el ángel y el inocente, aquella efigie que tal vez nunca, en todos los años de su vida, llegase a cambiar.

–Casi es la hora –llamó la voz de mujer.

–¡Ahora mismo! –Y descendió por la escalera, al tiempo gruñón y sonriente. En la sala de estar, sentados, Anna y Steve, las ropas dolorosamente pulcras.

–¡Aquí estoy! –exclamó Willie desde el umbral de la sala.

Daba la impresión de que Anna fuese a romper a llorar.

–¡Oh, Dios mío! No es posible que vayas a dejarnos, ¿verdad, Willie?

–La gente está empezando a murmurar –dijo Willie tranquilamente–. Hace ahora tres años que estoy aquí. Pero cuando la gente se pone a murmurar, sé que ha llegado la hora de ponerme los zapatos y sacar un billete de tren.

–Todo es tan extraño, no lo entiendo. ¡Y así, tan de pronto! –se lamentó Anna–. Willie, te vamos a echar muchísimo de menos.

–Yo os escribiré todas las Navidades. Por favor, ayudadme. No me escribáis vosotros.

–Ha sido un gran placer y una satisfacción –dijo Steve, allí sentado, demasiado ampulosas las palabras, palabras que cuadraban mal en su boca–. Es una vergüenza que esto haya de acabar así. Es una vergüenza que hayas tenido que contamos tu caso. Es una condenada vergüenza que no puedas quedarte.

–Vosotros sois los parientes más agradables que he tenido nunca –dijo Willie, desde su metro veinte de estatura, barbilampiño, radiante el sol en su rostro.

Y entonces Anna se echó a llorar.

–Willie, Willie –gimió. Se sentó. Parecía querer abrazarle, pero abrazarle le daba miedo ahora; le miró con sorpresa y desconcierto, vacías las manos, sin saber qué hacer.

–No resulta fácil irse –dijo Willie–. Se acostumbra uno a la situación. Desea uno quedarse, pero no puede ser. En una ocasión probé a quedarme después de que la gente comenzase a desconfiar. «¡Qué cosa más horrible!», decían. «¡Tantos años jugando con los inocentes de nuestros niños –decían–, y nosotros sin enterarnos!» «¡Qué espanto!», dijeron. Y al final, una noche tuve que huir de la ciudad. No resulta fácil, no. Sabéis perfectamente bien cuánto os quiero a ambos. ¡Gracias por estos tres años fabulosos!

Fueron todos juntos hasta la puerta delantera.

–Willie, ¿adónde piensas ir?

–No lo sé. Sencillamente, me pongo a viajar. Cuando veo una ciudad que promete ser verde y agradable, me quedo.

–¿Volverás algún día?

–Sí–dijo con toda formalidad su vocecilla aguda–. Dentro de unos veinte anos debería empezar a reflejarse la edad en mi rostro. Cuando así sea, pienso hacer un gran recorrido y visitar a todos los padres y madres que he tenido.

Permanecieron en pie en el fresco porche veraniego, reacios a decirse las últimas palabras. Steve tenía tozudamente clavada la mirada en un olmo.

–¿Con cuántas familias has estado, Willie? ¿Cuántas veces has sido adoptado?

Willie hizo el cálculo de bastante buen grado:

–Me parece que han sido unas cinco ciudades y cinco los matrimonios con quienes he estado. Han pasado más de veinte años desde que empecé mi peregrinaje.

–Bueno, no tenemos motivo para quejamos –dijo Steve–. Más vale tener un hijo durante treinta y seis meses que ninguno en absoluto.

–Bien... –dijo Willie. Se despidió de Anna con un beso rápido, asió el equipaje y se marchó calle arriba, penetrando en la verde luz del mediodía, bajo los árboles... un chiquillo muy joven en verdad, sin volver atrás la mirada, corriendo.

Los chicos estaban jugando en el verde diamante del parque cuando pasó. Permaneció un ratito bajo la sombra de los robles, observándoles lanzar la blanca, nívea bola de béisbol que hendía el aire cálido del verano; vio volar sobre la hierba, como un pájaro oscuro, la sombra de la bola; vio cómo se abrían las manos, como bocas voraces, para atrapar aquel raudo fragmento de estío que ahora parecía tan importante asir. Gritaron los chicos. La bola aterrizó en la hierba, cerca de Willie.

Al avanzar con la bola, saliendo de los árboles umbrosos, pensó en los tres últimos años, ahora gastados hasta el céntimo, y en los cinco años anteriores, y así, remontando el hilo de su vida, hasta el año en que cumplió verdaderamente los once años y los doce y los catorce; penso en las voces que decían: («¿Qué le pasa a Willie, señora?» «Señora B., ¿no está Willie retrasado en su crecimiento?» «Willie, ¿has estado fumando cigarros últimamente?» Los ecos se extinguieron en luz y colores veraniegos. La voz de su madre: «¡Willie cumple hoy los veintiuno!». Y un millar de voces repitiendo: «Hijo, vuelve cuando cumplas quince años; tal vez entonces podamos darte trabajo».

Se quedó mirando fijamente a la pelota de béisbol que sostenía en su mano temblorosa, imagen de su vida, una bola interminable de años bobinados y rebobinados una y otra vez, pero siempre conducentes a su duodécimo cumpleaños. Oyó a los chicos venir hacia él; sintió que le tapaban el sol, los vio mayores que él, rodeándole.

–¡Willie! ¿Adónde vas? –Le dieron una patada a su maleta.

¡Qué altos, allí plantados, en el sol! Era como si en aquellos últimos meses, el Sol hubiera pasado una mano sobre sus cabezas, reclamándoles, y ellos fueran cálido metal fundente atraído hacia lo alto; como si fueran trigo dorado halado hacia el cielo por una inmensa fuerza gravitatoria; ellos, con sus trece, catorce años, mirando a Willie desde las alturas, sonrientes todavía, pero ya comenzando a tenerle por un cero a la izquierda. Aquello había empezado hacía cuatro meses.

–¡Formemos equipos! ¿Quién quiere a Willie en el suyo?

–¡Bah!, Willie es demasiado pequeño; no queremos «niños» con nosotros.

Y le aventajaron en la carrera, atraídos por la Luna y el Sol y por la sucesión turnante de estaciones de hoja y de viento; él siguió teniendo doce años, pero ninguno de los otros volvió a tenerlos jamás. Y las voces, las otras voces comenzaron de nuevo a repetir el manido estribillo, frío y aterradoramente familiar: «Más vale que le des vitaminas a ese chico, Steve». «¿Qué pasa, Anna, es que en tu familia hay una rama de bajitos?» Y el frío puño que vuelve a golpearte el corazón, el conocimiento de que será preciso volver a arrancar las raíces después de tantos años buenos con los «parientes».

–¿Adónde vas, Willie?

Sacudió bruscamente la cabeza. Volvía a encontrarse en medio de aquellas torres humanas, de aquellos mocetones que le hacían sombra, que pululaban en torno a él, como gigantes inclinados a beber en la fuente de un parque.

–Me voy unos días a casa de un primo.

–Oh. –Hubo un día, hace un año, en que eso les hubiera importado mucho. Pero ahora tan sólo sentían curiosidad por su equipaje. No era más que la fascinación de los viajes y los trenes y los lugares distantes.

–¿Qué os parece si echamos un par de partidas rápidas? –dijo Willie.

Su aspecto era más bien dubitativo pero, dadas las circunstancias, accedieron. Dejó caer la bolsa y corrió; la blanca pelota de béisbol estaba allá en lo alto, en el sol, distante de sus figuras de blanco ardiente en la lejanía del prado, de nuevo en el sol, apresurada, la vida yendo y viniendo, como obedeciendo a un patrón. ¡Aquí, allí! ¡El señor y la señora Robert Hanlon, de Creek Bend, Wisconsin, 1932, la primera pareja, el primer año! ¡Aquí, allí! ¡Henry y Alice Boltz, Limeville, Iowa, 1935! ¡Vuela, pelota! ¡Los Smith, los Eaton, los Robinson! ¡1939! ¡1945! Marido y mujer, marido y mujer, sin niños, sin niños. Una llamada a esa puerta, una llamada a esa otra.

–Disculpe usted. Me llamo William. Me pregunto si...

–¿Un bocadillo? Pasa, siéntate. ¿De dónde vienes, hijo?

El bocadillo, el vaso largo de leche fresca, la sonrisa, el gesto acogedor, la conversación cómoda, distendida.

–Hijo, das la impresión de haber estado viajando. ¿Te has escapado de algún sitio?

–No.

–Chico, ¿eres huérfano?

Otro vaso de leche.

–Siempre quisimos tener hijos, pero nunca hemos podido. Jamás supimos por qué. Cosas que pasan. Bueno, bueno. Se está haciendo tarde, hijo. ¿No crees que sería mejor que te fueras a casa?

–No tengo casa.

–¿Un chico como tú? ¿Con lo limpias que tienes las orejas? Tu madre estará preocupada.

–No tengo casa ni parientes en todo el mundo. Me pregunto si... me pregunto... ¿me permitirían pasar aquí esta noche?

–Bueno, hijo, verás, no sé qué decir. Nunca habíamos pensado en admitir... –dijo el marido.

–Esta noche tengo pollo para cenar –dijo la mujer–, y hay bastante para repetir, bastante para las visitas...

Y los años que pasan, que vuelan; las voces, y los rostros, y las gentes; las primeras conversaciones, siempre las mismas. La voz de Emily Robinson, en su mecedora, en la oscuridad de la noche veraniega, la última noche que estuvo con ella, la noche en que ella descubrió su secreto, su voz, al decir:

–Miro las caras de todos los niñitos que pasan. Y a veces pienso: ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza que todas esas flores hayan de ser cortadas, que sea preciso extinguir el fulgor de esos fuegos! Qué vergüenza que éstos, todos esos que vemos en las escuelas o correteando por ahí hayan de tornarse altos y desagradables; que luego lleguen las arrugas, la sal y la pimienta en el pelo, o la calvicie, para luego, finalmente, puros huesos y resuellos, tener que morir, enterrados y olvidados. Cuando oigo reír a los niños, me resulta imposible creer que hayan de recorrer la misma senda por la que yo camino. Y sin embargo, ¡vienen! Aún recuerdo aquel poema de Wordsworth: «...cuando de pronto vi una multitud, una hueste de dorados lirios, cerca del lago, bajo los árboles, lirios que se agitan y se mecen en la brisa». Eso es lo que a mí me parecen los niños, pese a lo crueles que son a veces, a pesar de saber cuán malvados pueden ser. Pero no les asoma todavía la maldad en torno a los ojos, aún no se lee la malicia en su mirada, sus ojos aún no se han saturado de cansancio. ¡Es tanta el ansia que sienten por todo! Me imagino que eso es lo que más echo a faltar en las personas mayores, que en nueve de cada diez casos han perdido ese ansia, esa frescura, a quienes se les ha escurrido desagüe abajo tanta de su energía vital... Adoro ver cómo salen cada día los niños de la escuela; es como si sus puertas lanzasen florecillas a la calle. ¿Qué se siente, Willie? ¿Qué siente uno al ser eternamente joven? ¿Cómo es parecer una moneda de plata recién acuñada? ¿Eres feliz? ¿Te encuentras tan estupendamente como dice tu aspecto?

La bola de béisbol llegó zumbando desde el cielo azul; le dio a su mano un picotazo, como un gran insecto pálido. Mientras se la .acariciaba, Willie oyó a su memoria decir:

«Trabajé con lo que tenía. Después de morir mis parientes, tras descubrir que no podía encontrar en ningún sitio trabajo de adulto, probé suerte en las ferias, pero sólo conseguí que se rieran de mí. "Hijo –me dijeron–, no eres un enano, e incluso aunque lo seas, ¡tu aspecto es de un chico normal! Queremos enanos con cara de enanos. Lo siento, hijo, lo siento." Así que me fui de casa, y eché a andar pensando: ¿Qué era yo? Un niño. Tenía aspecto de niño, tenía voz de niño, así que podría perfectamente seguir siendo un niño. De nada valía luchar contra ello. De nada serviría gritar. ¿Qué podía hacer, pues? ¿Qué trabajo tenía a mi alcance? Y un buen día vi a un hombre en un restaurante mirar las fotografías que de sus hijos le enseñaba otro hombre. "Claro que me gustaría tener hijos –decía–, ya lo creo que me gustaría." No hacía más que mover con desánimo la cabeza. Y yo sentado allí, a unos pocos asientos de él, con una hamburguesa entre las manos. Me quedé allí sentado, ¡helado! En aquel mismo instante supe cuál iba a ser mi trabajo durante el resto de mi vida. Sí, había trabajo para mí, después de todo: hacer felices a gentes solitarias. Mantenerme ocupado. Jugar eternamente. Me di cuenta de que tendría que jugar eternamente. Repartir unos cuantos periódicos, hacer recados, segar unos cuantos céspedes. quizá. Ahora, ¿trabajos pesados? Jamás. Todo cuanto tendría que hacer consistiría en ser hijo de una madre y orgullo de un padre. Me dirigí al hombre que se encontraba un poco más abajo que yo en la barra. "Discúlpeme", le dije, y le sonreí...»

–Pero Willie –le había dicho hacía mucho la señora Emily–, ¿nunca te has sentido solo? ¿Nunca has querido... esas cosas que los adultos desean?

–Esa batalla la tuve que librar yo solo –dijo Willie.

«Soy un chiquillo –me dije–, tendré que vivir en un mundo de chiquillos, leer libros para niños, jugar a juegos de niños, desconectarme de todo lo demás. No puedo ser las dos cosas. Yo sólo tengo que ser una cosa: joven. Así que hice mi papel. ¡Oh, no fue fácil! Hubo momentos...» Se interrumpió y se sumió en el silencio.

«Y la familia con la que vivías, ¿no llegó a saberlo nunca?»

«No. Decírselo hubiera estropeado todo. Les conté que me había escapado; les dejé comprobarlo por conducto oficial, por la policía. Después, cuando no apareció ninguna ficha ni denuncia, dejé que solicitasen mi adopción. Eso era lo mejor de todo, siempre y cuando no sospechasen nada. Pero, entonces, después de tres años, o de cinco, se imaginaban lo que pasaba, o llegaba un viajante que me conocía, o me tropezaba con un feriante, y aquello se acababa. Siempre tenía que acabar.»

«¿Y tú eres muy feliz? ¿Es agradable seguir siendo niño durante cuarenta años?»

«Como suele decirse, es una forma de ganarse la vida. Y cuando uno hace felices a otras personas, casi se es feliz también. Sea como fuere, dentro de unos cuantos años estaré ya en mi segunda infancia. Habré doblado el cabo de las tormentas, habré olvidado las insatisfacciones y casi todos los sueños. Tal vez entonces pueda comportarme con naturalidad y representar mi papel hasta el final.»

Lanzó una última vez la bola de béisbol y rompió el ensueño. Corrió a coger su equipaje. Tom, Bill, Jamie, Bobb, Sam; sus nombres se movieron sobre sus labios. Percibió el embarazo de los muchachos al irles estrechando la mano.

–Bueno, Willie, después de todo no es como si te fueras a China o a Tombuctú.

–Así es, ¿verdad? –Willie no se movió.

–Hasta pronto, Willie. Nos veremos la semana que viene.

–Hasta pronto, hasta pronto.

Y fue alejándose con la maleta, mirando a los árboles, alejándose de los muchachos y de la calle en la que había vivido. Al doblar una esquina aulló el silbato de un tren, y echó a correr.

Lo último que vio y oyó fue una blanca bola de béisbol lanzada a lo alto de un tejado, atrás y adelante, atrás y adelante, los gritos de dos voces (la bola lanzada hacia arriba, y luego abajo y otra vez a través del cielo). «¡Annie, Annie, basta! ¡Basta, Annie, basta!», gritos como los de los pájaros al volar hacia el lejano sur.

Se despertó de madrugada, una madrugada con olor de la neblina y del frío metal, envuelto en el olor ferroso del tren que le rodeaba, los huesos sacudidos, entumecidos los miembros por toda una noche de viaje. Se despertó con olor de sol tras el horizonte; su vista se tendió sobre una pequeña villa recién surgida del sueño. Se estaban encendiendo las primeras luces, murmuraban quedas las voces; una señal roja oscilaba adelante y atrás, atrás y adelante, en el aire frío de la mañana. Había ese silencio somnoliento en el cual los ecos están dignificados por la claridad, en el cual los ecos se encuentran desnudos, nítidos y solitarios. Pasó un mozo de tren, una sombra entre las sombras.

–Señor –dijo Willie.

El mozo se detuvo.

–¿Cómo se llama esta ciudad? –susurró el chico desde la oscuridad.

–Valleyville.

–¿Cuántos habitantes tiene?

–Diez mil. ¿Por qué lo preguntas? ¿Te bajas aquí?

–Parece verde. –Willie permaneció largo rato escrutando la ciudad sumida en la madrugada–. Parece agradable y tranquila –añadió.

–Hijo –dijo el mozo–, ¿de verdad sabes a dónde vas?

–Aquí –respondió Willie. Y se levantó tranquilamente en la madrugada tranquila, fría, saturada de olor a hierro, en la oscuridad del tren, con un rozar de ropas, perturbando el silencio.

–Chico, confío en que sepas lo que te haces –dijo el mozo de tren.

–Sí, señor, sé lo que me hago. –Y descendió al oscuro andén, con el equipaje en pos, en manos del mozo; salió a la mañana que recibía las primeras luces, la mañana humeante y fría que condensaba el aliento. Permaneció un instante con la vista alzada hacia el mozo y hacia el negro tren de metal, contra el fondo de las pocas estrellas que aún quedaban. El tren exhaló un gran soplido aullante en su silbato, los mozos del tren gritaron a lo largo de toda la hilera de vagones, los coches saltaron, y su mozo sonrió y ondeó la mano en señal de saludo al chico que allí se quedaba, a aquel chico pequeñín con su maletón que le estaba gritando algo, a pesar de que la máquina volvía a soltar su silbido.

–¿Qué? –gritó el mozo, con la mano haciendo pabellón en la oreja.

–¡Deséeme suerte! –gritó Willie.

–¡La mejor del mundo, hijo! –exclamó el mozo, saludando, sonriendo–. ¡Muchacho, la mejor del mundo!

–Gracias –dijo Willie en mitad del estrépito del tren, en el vapor y el rugido.

Permaneció mirando al negro tren hasta que se fue completamente y se perdió de vista en la lejanía. No se movió durante todo el tiempo que tardó en irse. Allí se estuvo, quietecito en el fatigado andén de madera, doce años de chiquillo, y sólo después de pasados tres minutos completos se volvió para, por fin, encararse con las calles desiertas.

Después, mientras el sol se alzaba, echó a andar a toda prisa para guardar el calor, bajando de la estación, entrando en la nueva ciudad.

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